Muchísimos sociólogos y analistas políticos coinciden en que las preferencias políticas de los departamentos del sur y centro andino como Apurímac, Ayacucho, Cuzco, Huancavelica y Puno se inclinaron por candidatos de izquierda y extrema izquierda, no por la temática ideológica sino por resentimiento y enojo contra las agrupaciones políticas que propugnan, aunque con diferentes expresiones, la ecuación: “inversión = trabajo y trabajo = bienestar”, así como todo lo que represente en la sociedad el denominado “desarrollo económico” personificado por las empresas exitosas de todos los sectores, aunque principalmente del sector minero.
Lo del sector minero es más que evidente, pues los representantes de las empresas mineras, las instituciones representativas de tal sector económico, así como las autoridades estatales relacionadas con dicho sector, se ufanan de su éxito e incluso, sin quererlo ni pensarlo, pasando a los ojos de los pobladores andinos su éxito y sus beneficios, las grandes potencialidades del sector y el hecho de que tenemos reservas minerales para muchos años, aunque no sean eternas.
La población del Ande, principalmente de origen quechua y aimara, alcanza a varios millones de personas, muchas francamente resentidas, pues de los beneficios de la minería poco o nada les llega y las autoridades subnacionales y locales de las regiones/departamentos a los que nos hemos referido no hacen con el canon y sobrecanon minero las obras públicas que están obligadas a ejecutar. Sin embargo, sus poblaciones dirigen su enfado contra las autoridades nacionales que no tienen arte ni parte en el asunto, pero, en fin de cuentas, se ven precisadas a resolver el problema.
Lo expuesto a grosso modo es lo que está sucediendo en el país, pero que hay que atender, aunque penosamente está coincidiendo en temas en que se debe afrontar la creciente delincuencia, los efectos del cambio climático, el Fenómeno del Niño que en esta oportunidad se presenta como terrorífico y el peligro sísmico que se viene, aunque no se sepa exactamente ni el día ni la hora precisa de ello.
Tenemos que hacer cambios normativos, además de fiscalización, para que se ejecuten las obras que requiere el sur andino y para que a los pobladores del Ande también les llegue la grandísima utilidad de la minería.
Por otro lado, sería pertinente que las autoridades de los sectores Educación y Cultura hagan lo requerido para incorporar en las lenguas quechua y aimara vocablos técnicos de la era digital, para que no sigan los parlantes de tales lenguas al final de la larga fila del conocimiento, pues sin él estarán siempre postergados o relegados, lo que también influye en su estado de ánimo y, por qué no decirlo, en sus decisiones políticas.
José Linares Gallo, a través de sus escritos y columnas periodísticas, se ha referido a todo ello, relatando lo acontecido en los yacimientos de Xstrata, hoy Las Bambas, que podría replicarse en programas estatales como, por ejemplo, Beca 18, que fueron muy exitosos.
No esperemos a mañana, podría ser demasiado tarde, y menos para el 2031, que, como el tiempo pasa rápido, está a la vuelta de la esquina y con resultados negativos fáciles de predecir. ¡A trabajar desde ahora!