Punto de Encuentro

¿Cómo se lee (y comenta) un poema?

Autor: Juan Antonio Bazán 

Para Héctor Ñaupari

¿Cómo se lee (y comenta) un poema? Aprender a leer poesía, con teoría y técnica, es el camino recto para aprender a escribir (y a comentar) poesía. Al menos, ese es el pasaje indefectible de los que no hemos nacido genios, ni poetas. Harold Alva, que es poeta y gestor cultural, organizó un “armisticio literario” entre Héctor Ñaupari, que era poeta y ensayista, y yo, que tal vez podría ser un ensayista, pero no un poeta. La urdimbre de la reconciliación es la siguiente: Harold nos dijo, a Héctor y a mí, que uno quería volver a ser amigo del otro, y que la única forma era que yo debía presentar, comentar, su libro de poesía “Malévola tu ausencia” (Lima: Editorial Summa, 2019) en una Feria del Libro. Héctor y yo teníamos veinte años de distanciamiento, de enemistad. De modo que, no podíamos eludir la trama, y ambos aceptamos. Para leer, y comentar, tal libro de poesía, recurrí a la lectura de dos libros de teoría literaria, propia del canon, para que me sirvieran como claves teórica y metodológica: Rainer María Rilke, “Cartas a un joven poeta” (Madrid: Alianza Editorial, 1980), pues, en esta obra literaturizada, el vate austrohúngaro le enseña a su amigo, el diletante Franz Xaver Kappus, que la condición para adquirir el oficio de poeta es que los martillazos únicamente del corazón se conviertan en el martilleo del proceso creativo; y, Ángel Luis Luján Atienza, “Cómo se comenta un poema” (Madrid: Editorial Síntesis, 1999), pues en esta obra manualística, el profesor español nos enseña categorías elementales, para mí lógica elemental, de la teoría literaria, de la estilística. Este libro de texto está organizado en cinco capítulos: El primero, titulado “Los marcos del poema”, está dedicado a los títulos, las citas que encabezan los poemas, y los géneros líricos. El segundo, titulado “Contenido temático”, está dedicado a la aparición directa e indirecta del tema, a partir de isotopías y tópicos literarios. El tercero, titulado “Estructura textual”, está dedicado a los modelos estructurales de carácter sintáctico, semántico y pragmático, a las estructuras por repetición, a la desestructura, y al cierre del poema. El cuarto, está dedicado a los niveles lingüísticos de análisis, como son el léxico y las figuras semánticas, a los tropos, las formas gramaticales, las figuras morfológicas, los usos de la sintaxis, las figuras sintácticas, los paralelismos, las correlaciones, los emparejamientos, el nivel fónico como el sonido de la poesía, y la métrica. El quinto, está dedicado a la pragmática del poema, los deícticos de persona de tiempo y lugar, los actos del habla y la intertextualidad. Por supuesto, a partir de mis claves, leí, y construí un enfoque sobre tal libro de poesía. En el evento de presentación del libro, leí el poema titulado “Emma Bovary”, escrito en intertexto, en insinuación al personaje de la novela “Madame Bovary”, de Gustave Flaubert: “Ahora sé que… me tomarás del brazo y nos perderemos en esta tarde en la que el sol está por morir. Y mi mirada está ciega, observando el punto más distante. Y en él, con el arsénico aún en el reborde de tu rostro, te veo alcalzándome, Bovary”. Héctor murió súbitamente, a poco tiempo de la presentación, por lo que, nuestro armisticio literario y el poema flaubertiano se convirtieron en premonitorios. Héctor y yo nos abrazamos, y nos confesamos que, en el tiempo del distanciamiento, y enemistad, nos habíamos leído mutuamente, secretamente. También nos comprometimos a preservar la amistad, porque habíamos pasado los cincuenta años, y alguno podría morir a la edad de Rilke. Me escribió una dedicatoria significativa: “Para mi querido y recuperado amigo”. Les revelé a los poetas, Héctor y Harold, como también lo hago en este artículo, mi procedimiento de lectura teórica previa, para que, al fin, me fuera posible leer (y comentar) la poética de “Malévola tu ausencia”: Luján me arrimó el hombro, y yo me paré sobre los hombros del gigante RilKe.

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