Estamos por terminar la segunda década del nuevo milenio y entendidos en tecnología revelan que en los próximos diez años muchas personas perderán su trabajo debido al avance de la tecnología. Esto no es nuevo, ya ocurrió en el pasado cuando la revolución industrial a mediados del siglo XVIII marcó la transición de la fuerza humana y de los animales a la fuerza y energía de las máquinas.
Sin entrar en detalles, recordemos que la primera Revolución Industrial se desarrolló aproximadamente entre la segunda mitad del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX, es decir, a lo largo de casi un siglo, lapso durante el cual la máquina de vapor y el despliegue del ferrocarril marcaron el comienzo de la producción y distribución mecánica dando inicio al desplazamiento del hombre por el avance de las máquinas.
Si repasamos en lo dicho, podremos advertir que muchas profesiones u oficios de antaño prácticamente ya no existen y menciono dos ejemplos entre los cientos que podría citar: 1) reveladores de fotos – ahora las fotos son digitales y se pueden tomar desde un teléfono, 2) carteros – ahora los mensajes se envían por e-mail, whattsapp ¿Quién ha visto últimamente a un cartero?
Openhaimer, en su libro “Sálvese quien pueda”, con la intención de comprender cuál será el futuro de los trabajos de hoy mientras se aproxima la era de la automatización, dialoga con expertos en varios campos y examina los cambios que ya comienzan a desarrollarse en varias áreas de empleo, incluyendo en la industria de alimentos, el mundo legal, la banca, la medicina. Bajo su lógica, dentro de pronto gracias a las aplicaciones, ya no habrá personas que vendan tickets o entradas de cine pues serán reemplazadas por las apps.
Pero ello también ocurrirá con las profesiones científicas también, así por ejemplo los diagnósticos médicos podrían ser proporcionados por computadoras. Actualmente un médico al emitir un diagnóstico, lo hace sobre la base de su propia experiencia la que puede remontarse a cientos de casos, mientras que una computadora podría hacerlo sobre la base de cientos de millones de casos, por lo tanto será más certero. Igual sucederá con las opiniones legales y no existiría en el futuro jurisprudencia contradictoria.
No obstante, la automatización a la que alude Openheimer no alcanzará a todas las profesiones u oficios. Precisamente existe una actividad humana, vilipendiada, desprestigiada y señalada como causante de muchas iniquidades, que se encuentra al margen de la automatización y los avances tecnológicos, nos referimos a los políticos.
Y es que hablar de políticos nos lleva a hablar de la crisis que nos agobia. Pareciera que el vocablo política o político en el Perú fuese indisolublemente de la mano con la palabra crisis. Vemos y oímos a diario acerca de los casos de corrupción, somos testigos del enfrentamiento entre los poderes ejecutivo y legislativo, advertimos como de manera recurrente los medios se refieren a la crisis de partidos políticos y lo que es peor, apreciamos como los políticos ocupan los primeros planos de la noticia al estar involucrados en casos de corrupción de modo tal que desde el Ministerio Público, ya se sustenta la tesis que las organizaciones políticas son en buena cuenta fachadas de organizaciones criminales.
Este sombrío escenario, debería motivarnos a reflexionar desde la perspectiva individual sobre que estamos haciendo para revertir esta situación.
Para ello, tengamos presente que un amplio sector percibe esta crisis como un hecho lejano0. Este grupo reconoce que la crisis impacta en la sociedad, pero como las consecuencias no les afectan directamente en su bolsillo, poco hacen para aportar en el encauzamiento que nos permita encontrar la salida a la crisis. Lamentablemente la gran mayoría de peruanos se encuentra en este grupo.
Bajo esta lógica, dejo como reflexión final que si dejamos que la política siga en manos de los políticos y no de una nueva clase emergente, difícilmente tendremos los cambios que nuestra sociedad demanda.